Tras una lucha sanginaria de un centenar de esclavos, la arena del Coliseo estaba empapada de sangre. El público pedía a Tito más espectáculo. Entonces se llamo a Vero y Prisco los mejores gladiadores de toda Roma. Pelearon desde la mañana hasta el anochecer. En igualdad de fuerza, destreza y técnica. Tito dio por empate la pelea otorgandoles la espada de madera. Ambos fueron libres para siempre.
lunes, 8 de julio de 2013
La libertad de Vero
En una sociedad superficial y físicalista; también convergen aquellos hombres que hacen de su cuerpo un templo hermético del alma. Entrenando con dedicación y tesón. Donde el rigor y la disciplina se retroalimenta del estricto orden de la rutina del esfuerzo y el resultado. Con el fin de ser mejores por dentro y por fuera; ajenos a la opinión y a los juicios perniciosos.
Tercos en el propósito, suelen confundirse con otros. Con hombres vulgares y mediocres que buscan el atajo y la mentira. Donde su culto al cuerpo, es incompleto y dudoso. Aquellos que viven en una inflamación constante y se mueven atrofiados por los caminos de la mera apariencia, buscando nada más que la aprobación de los demás.
Solo el recio de espíritu, comprende que la plena belleza, se cultiva desde dentro. Desde la tierra, desde la piedra. En el fondo de uno.
Si cuidas tus entrañas y viajas al interior sembrando conocimiento y sensatez podrás llegar al equilibrio. Desde dentro hacia fuera. Si es así, date por entero.
El hombre cuando vuelve al hierro, viaja por el tiempo, vuelve a ser el luchador que una vez fue en eras primordiales. Se siente en paz, pues en vez de llorar suda, en vez de pararse, corre. No se deja aplastar, sino que empuja con fuerza. Reclutando cada fibra muscular, estrujando cada célula en busca de energía. Conectando su mente a la carne trémula, recibe un mensaje directo del hipotálamo que le sobra y le basta:
Puedo con más, Puedo con más me digo. Este blog trata de la fortaleza, la habilidad y la metodología para alcanzar la verdadera libertad.
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